1969. La llegada del hombre a la Luna
Revista SCHOLÉ 22 agosto, 2019

¿Cómo leer, tras estas consideraciones, la marca que dejara Neil Armstrong sobre el suelo lunar? ¿Debemos renunciar a la emoción vinculada con las primeras imágenes recibidas de un hombre caminando sobre un mundo que no es la Tierra? Cuando nos sumergimos en los relatos de los viajeros y exploradores del pasado nos enfrentamos con problemas similares. Podemos conmovernos con los viajes de Colón o Magallanes, pero no podemos olvidar que llevaban en su proa el acto de la conquista. La osadía exploratoria de David Livingstone nos puede llamar a cierta admiración, pero no por ello hemos de olvidar el vínculo de este acto con la apropiación del África central por las potencias europeas. De hecho, su vida está relacionada con la de otro explorador, Henry Morton Stanley, quien finalmente entrará al servicio del rey Leopoldo II para llevar adelante su política de explotación y exterminio en el Congo Belga. Amundsen llegando al Polo Sur, Scott fracasando y muriendo en el frío antártico, llaman también a nuestros sueños de aventura y a nuestro deseo de adentrarnos en mundos desconocidos. Pero la Antártida no es solo el continente para la expresión de la épica humana. Es un territorio en disputa.

Lejos de una lectura simple y unívoca, la llegada del hombre a la Luna nos propone lecciones diversas y conflictivas sobre el mundo y nuestros contradictorios logros técnicos.

En el suelo lunar

La huella de Armstrong, finamente marcada en el polvo lunar, obliga a nuestra razón a explorar los actos y las intenciones que rigen el mundo de la creación tecnológica. Allí conviven perspectivas contrapuestas y múltiples que, a veces, lo hacen bajo una leve y seductora tensión, pero, otras, suceden bajo el yugo de una desgarradora angustia. Tal vez, lo único que resuelve este panorama sobre lo que hemos de promover, sobre lo que hemos de criticar y sobre lo que hemos de temer en nuestro devenir tecnocientífico sea el mandato de las leyes que rigen nuestro universo ético, el cual, como sabemos, es frágil y muchas veces confuso.

1969. La llegada del hombre a la Luna.

Es tiempo, entonces, de reformular las palabras de Armstrong: fue un pequeño paso para un hombre… ¿fue un gran salto para la humanidad?