Incluir la mirada de género en la escuela
Carolina Guevara 23 agosto, 2019

Por esto, sigue Bonino, si pensamos que la violencia de género es toda acción que coacciona, limita o restringe la libertad y dignidad, podemos comprobar que quedan ignoradas múltiples prácticas de violencia y dominación masculina en lo cotidiano, algunas consideradas normales, algunas invisibilizadas y otras legitimadas, y que, por ello, se ejecutan impunemente. Es necesario conocerlas, estudiarlas e identificarlas para poder percibirlas, criticarlas, para no contribuir a perpetuarlas.

Es importante develar estos mecanismos como parte de la tarea de hacer un análisis crítico de las injusticias de la vida cotidiana. Si pensamos desde una óptica de igualdad entre los géneros, visibilizarlos resulta un primer paso para intentar su neutralización y posterior desactivación en las relaciones entre mujeres y varones, para contribuir a modificar los juegos de dominio y permitir el desarrollo de relaciones más cooperativas, honestas e igualitarias en derechos y obligaciones. El poder, dice Bonino (1998), no es una categoría abstracta; el poder es algo que se ejerce, que se visualiza en las interacciones (donde sus integrantes lo despliegan). Este ejercicio tiene un doble efecto: opresivo, pero también configurador, en tanto provoca recortes de la realidad que definen existencias (espacios, subjetividades, modos de relación).

El sistema patriarcal se basa en el androcentrismo, es decir, hace referencia a la práctica, consciente o no, de otorgar al varón y a su punto de vista una posición central en el mundo, las sociedades, la cultura y la historia. Desde una perspectiva androcéntrica, los hombres constituyen el sujeto de referencia y las mujeres quedan invisibilizadas o excluidas. Esta perspectiva no es únicamente atribuible a personas, sino también al lenguaje y a las instituciones sociales. Tampoco es una perspectiva que solamente poseen los hombres, sino todas las personas, hombres y mujeres que han sido socializadas desde esta visión. Las escuelas no escapan a estas lógicas.

Incluir la mirada de género en la escuela

Para Tomasini (2017), el carácter sexista y el papel de la educación en la reproducción de las desigualdades sexo-genéricas es evidente tanto desde el currículum formal (los documentos curriculares) como desde el currículum oculto (lo que se enseña en el aula sin estar establecido formalmente). Sin embargo, ni desde los discursos sociales ni desde las normativas y las políticas públicas se suele pensar que en el ámbito educativo se producen violencias de género; al contrario, se lo piensa como espacio preventor. El Programa Escuelas Libres de Violencias de Género pretende abordar este doble funcionamiento de las instituciones.

Lic. en Comunicación Social (FCC-UNC).
Doctoranda en Políticas Públicas (IIFAP-UNC).
Capacitadora del Programa Provincial de Prevención de las violencias de
género “Escuelas Libres de Violencias de Género”, del Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba.
Actualmente coordina la Organización “Hablamos de Amor Córdoba” que
trabaja en la prevención de violencias en noviazgos y relaciones
sexoafectivas adolescentes.
Se ha desempeñado como integrante del equipo Consultor de UNICEF Argentina.