De cordobesas y Cordobazos. Lecturas en clave de género
Ana Noguera 17 mayo, 2019

Cartografías sociales

¿Qué lugar ocupaban las mujeres en la sociedad cordobesa del momento? Desde mediados de los años cincuenta, Córdoba fue convirtiéndose en un polo “industrial moderno” gracias a la implantación de una progresiva industria automotriz y al crecimiento del sector industrial metalmecánico. El boom industrial creó nuevas condiciones en el mercado de trabajo –centralmente, para la mano de obra masculina–, permitiendo que la ciudad se convirtiera en un centro de atracción para nuevos trabajadores del interior de la provincia y del resto del país.

Asimismo, hubo importantes transformaciones dentro del mundo laboral relacionadas al acceso y permanencia de las mujeres en él, además de una creciente diversificación. Si bien se asistió a un proceso de industrialización creciente, esto no impactó de manera significativa en la (re)distribución de la mano de obra femenina, que siguió ocupada, principalmente, en el sector terciario de la economía. En Córdoba, al igual que en el resto del país, el empleo femenino tenía una gran concentración en las actividades de servicios (78,32%), especialmente como empleadas en el servicio doméstico –amparadas bajo el naciente Sindicato del Personal de Casas de Familia (SINPECAF)–, docentes, empleadas bancarias y de comercios, secretarias y enfermeras. Dentro del sector industrial, su presencia fue más bien escasa, vinculada mayoritariamente a la industria textil y de confección (calzado y vestido), aunque también integraron las industrias de la carne, de la alimentación y del vidrio. El caso paradigmático de la época lo constituyó, sin dudas, la fábrica ILASA (Industria Latinoamericana de Accesorios SA), donde la gran mayoría de sus integrantes eran mujeres dedicadas a la elaboración de componentes eléctricos para autos Renault.

En cuanto a la formación, cada vez más se incorporaron a la educación superior, asistiendo a un proceso de creciente feminización de la matrícula universitaria. En la Universidad Nacional de Córdoba, por ejemplo, se inscribieron, en 1968, un total de 9742 mujeres (y 17108 varones) y, para el año 1973, figuraban 20506 (y 23731, respectivamente); en los diez años que van de 1966 a 1976, la matrícula creció un 15,3% en relación a los varones. Las estadísticas disponibles de la casa de altos estudios cordobesa muestran que, en esos años, un elevado porcentaje de mujeres se inscribía en las denominadas “profesiones femeninas” como Letras, Historia, Filosofía, Servicio Social o Psicología. A esas carreras, se sumó la novedosa Ciencias de la Información, creada en 1972. Su presencia continuó siendo elevada en Nutrición, Auxiliares de la Medicina, Enfermería y Odontología y, en menor proporción, en las denominadas Ciencias Físicas y Naturales. Distinto fue lo ocurrido con las distintas ramas de la ingeniería, en las que el porcentaje de mujeres –históricamente reducido– apenas sufrió variaciones (García, Musso y Noguera, 2010).


Doctora en Historia por la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC).
Profesora de grado en la Facultad de Ciencias Sociales (UNC) e investigadora del Centro de Estudios Avanzados (UNC).
Codirectora del proyecto de investigación “Historia oral e historia reciente de Córdoba. Prácticas, experiencias, teoría y metodología” en el Centro de Investigaciones de la FFyH, UNC.
Integra el programa “Política, sociedad y cultura en la historia reciente de Córdoba”, radicado en el Centro de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales, UNC.
Autora del libro "Revoltosas y revolucionarias. Mujeres y militancia en la Córdoba setentista" (Editorial de la UNC, en prensa).