El Cordobazo en perspectiva histórica
Laura Ortiz 17 mayo, 2019

Los trabajadores como agentes del cambio y la emergencia del sindicalismo clasista

Además de la causalidad política y cultural que se ha descripto, el Cordobazo estalló en una coyuntura sindical específica. El gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía había convocado en su seno a algunos dirigentes sindicales peronistas con la intención de descomprimir la conflictividad que había surgido a partir de la “resistencia peronista”, pero, dos años después de su asunción, surgió un nucleamiento sindical que tildaba a esos líderes como “colaboracionistas” con el régimen de facto. La autoproclamada Confederación General del Trabajo (CGT) “de los Argentinos” estableció una declaración programática el 1 de mayo de 1968 en la que afirmaba un discurso antiburocrático que acusaba a los participacionistas de “traidores”. Esa prédica comenzó a penetrar en las bases obreras, fomentando su movilización y legitimando la violencia como una opción regeneradora (Gordillo, 1996). En Córdoba, varios gremios se habían identificado con ese discurso que, en la práctica, estimulaba a la acción y la movilización. Sobre todo, el Sindicato de Luz y Fuerza, encabezado por el secretario general Agustín Tosco.

También, la coyuntura política económica del momento concentró el descontento de los obreros industriales cordobeses. El clima sindical se había irritado desde la propuesta del gobernador Caballero de crear un Consejo Asesor Económico, pero fue más virulento contra la decisión de derogar el “sábado inglés” y la negativa de la patronal metalúrgica a cumplir con la eliminación de las quitas zonales 1.

Esas múltiples causalidades generaron condiciones de posibilidad para el Cordobazo porque fueron la razón por la que, en Córdoba, el paro declarado por la CGT Nacional se adelantara un día y se le imprimiese la modalidad de paro activo. A él, se sumaron los estudiantes que se oponían a la supresión de la autonomía universitaria (Brennan y Gordillo, 1994; Pons, 2010). La tan afamada “unidad obrero-estudiantil” se concretó en ese momento y fue el ícono que rebalsó las calles del centro cordobés para extenderse por sus márgenes barriales.


1. La ley provincial del “sábado inglés” otorgaba a los trabajadores de determinadas industrias una paga de 48 horas por semana laboral aunque, en realidad, se trabajaban 44 horas. Las quitas zonales eran un sistema de remuneraciones que daba, a los trabajadores metalúrgicos de algunas provincias, una escala de pagos menor que la de sus pares porteños (Brennan, 2015, pp. 79-80 y 135).


En el mundo obrero, estas cristalizaciones emblemáticas generaron también cambios profundos porque lo que había emergido era que los trabajadores podían autoorganizarse de acuerdo a sus intereses, más allá de las intenciones de los dirigentes sindicales tradicionales. En palabras de uno de ellos:


Había mucha disconformidad porque Onganía vos te acordás que había congelado los salarios y había congelado los precios. (…) Eso hacía bastante tirada de bronca con la gente. Después, cuando ya Onganía trató de eliminar las diferencias que había con las provincias que tenían el privilegio del sábado inglés, eso ayudó a que estallara la bronca por el Cordobazo. Y, bueno, el Cordobazo exacerbó los ánimos en Fiat y ahí la gente tomó un poco más de… (…) Yo creo que el Cordobazo ayudó mucho a levantar el ánimo. Pero la gente estaba descreída del sindicalismo porque siempre la entregaron.2


2.  Entrevista a Carlos Masera, Secretario general del Sindicato de Trabajadores de FIAT Concord (SiTraC), realizada en Córdoba el 14/12/2010 por Laura Ortiz.


De allí que los cambios decantaran en la emergencia del sindicalismo clasista. En el sentido común, el clasismo adjetiva una relación de clases y está generalmente asociado a la preeminencia de la clase alta y a una discriminación hacia los sectores subalternos. Sin embargo, en nuestra historia reciente, el término se afilió con un modelo sindical que se apropió del concepto, pero en contraposición a aquel sentido: implicaba la defensa de la clase trabajadora y la oposición a la patronal. La cuestión del clasismo ha sido estudiada ampliamente en Argentina desde diferentes perspectivas, no obstante, en su mayoría se lo define por la virulencia de sus medidas de fuerza, destacando –sobre todo– tomas de fábricas con rehenes de la dirección empresarial. Asimismo, la incidencia de distintas organizaciones de la izquierda revolucionaria en su conformación se hizo evidente en sus lemas antiburocráticos, antipatronales y anticapitalistas, y en pro de una democratización sindical que ampliase la participación activa de las bases obreras (Ortiz, 2010).

A partir de 1970, en Córdoba emergieron múltiples agrupaciones sindicales que se identificaban como clasistas en distintas fábricas mecánicas y metalúrgicas, del vidrio, del calzado, del caucho, en establecimientos lácteos, de la carne, en obras de construcción, en el sector de la sanidad y entre empleados públicos provinciales y municipales. En muchos casos, no llegaron a liderar sus sindicatos, pero sí consiguieron representación en cuerpos de delegados y comisiones internas. Sus experiencias de organización y lucha son compartidas, solidarias entre pares, con respaldo masivo en cada acción. Su presencia documentada evidencia un cambio que fue más profundo de lo que se suponía hasta ahora (Ortiz, 2018a).


Doctora en Historia (FFyL - UBA).
Profesora de grado y posgrado en la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH-UNC).
Dirige el proyecto de investigación “Historia oral e historia reciente de Córdoba. Prácticas, experiencias, teoría y metodología” en el Centro de Investigaciones de la FFyH, UNC.
Integra el proyecto de investigación titulado “Participación política, representaciones sociales y problemas conflictivos en la historia reciente”, radicado en el Centro de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales, UNC.
Autora del libro "Con los vientos del Cordobazo: los trabajadores clasistas en tiempos de violencia y represión. Córdoba, 1969-1982" (Editorial de la UNC, en prensa).