Sin pan y sin trabajo
Cezary Novek 14 abril, 2020

Sin pan y sin trabajo fue presentada después de su afiliación al partido Centro Obrero Socialista, que era un antecedente del Partido Socialista (fundado dos años después). De la Cárcova perteneció a una joven generación de artistas aristócratas que comenzaron a mirar las preocupaciones de los desposeídos, aunque sin renunciar a los privilegios de clase. Ensayaron un discurso crítico sobre los problemas sociales del momento, incluso algunos adhirieron –de manera fugaz, superficial– a los incipientes movimientos socialistas que recién desembarcaban del viejo mundo.

Un ejemplo anterior, aunque no tan popular, fue un cuadro de Reinaldo Giudici (1853-1921), La sopa de los pobres, pintado en Venecia en 1884. Única pintura adquirida por el Gobierno nacional en las dos décadas previas a la fundación del Museo Nacional de Bellas Artes, fue colocada en el despacho de Eduardo Wilde, por entonces ministro de Instrucción Pública.

Sin Pan y sin trabajo

Sin pan y sin trabajo pertenece a un período de nuestra historia en que se sucedieron, de forma simultánea, dos fenómenos que marcarían una transformación en nuestro territorio hasta el día de hoy: la recepción de inmensos contingentes de inmigrantes europeos, por un lado; por el otro, un crecimiento económico descomunal (y efímero: incluso entonces algunas voces remarcaron la fragilidad y el peligro de esa potencialidad ilusoria) que posicionó a la Argentina entre uno de los países más ricos del mundo. De aquella época provienen las expresiones “granero del mundo” y “tirar manteca al techo”.

Como todos los artistas jóvenes de todos los movimientos de todas las épocas y lugares, los de la llamada “Generación del 80” se sentían protagonistas de su tiempo y sentían que podían ocupar un lugar imprescindible en la construcción de una gran nación. Por esos años proliferaron todo tipo de publicaciones –periódicos y revistas– y la alta sociedad comenzó a interesarse por lo que sucedía en Europa y el resto del mundo. Se activó el mercado de los bienes de lujo y quienes no viajaban a Europa consumían objetos decorativos, muebles de diseño, literatura y arte. Los intelectuales –como el mismo Schiaffino– creían con optimismo que Buenos Aires podía llegar a posicionarse como un epicentro de producción artística al nivel de Nueva York, que ya comenzaba a desplazar a París en ese rol. Se buscaba un arte de tesis, con mensaje y concepto. Por otro lado, muchas obras de la época se produjeron durante la estadía de aprendizaje de los artistas en Europa –fue así para Eduardo Sívori, Reinaldo Giudici, Graciano Mendilaharzu, Ángel Della Valle– y se expusieron en nuestro país después de ser admitidas en el Salón de las Artes de París.

El tema de la pintura fue considerado lejano y europeo en su momento. Y al ser expuesto en un salón en lugar de una gran vidriera comercial –modalidad que se estilaba–, fue contemplado por un público especializado y no por obreros (como sí ocurrió en la exposición de Saint Louis).

Sin Pan y sin trabajo

Las pinturas naturalistas no encontraban compradores interesados en atesorar una imagen de la sordidez de la miseria en el salón principal de sus casas señoriales, por lo que la mayoría de las obras que representaban la vida cotidiana en el campo y las ciudades eran intencionalmente apolíticas, más cercanas a un costumbrismo inocuo que a un discurso de denuncia social. El lienzo de De la Cárcova fue comprado recién dos años después de su exhibición por Schiaffino, en calidad de director del Museo de Bellas Artes, por mil pesos de la época.

Sin pan y sin trabajo es, a esta altura, un ícono pop de la cultura nacional. Entre los artistas posteriores que reversionaron el cuadro de De la Cárcova se encuentran Carlos Alonso, Carlos Valdora, Evangelina Aybar y otros. Algunas de estas obras fueron parte de la muestra conmemorativa por los 150 años del nacimiento del pintor que se realizó en 2016 en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Las sucesivas reapropiaciones de la pintura subrayan con énfasis lo imperecedero de la obra original: los tiempos han cambiado y, a más de 125 años de aquella composición, se podría reemplazar la vestimenta rústica de tonos ocres por manufactura sintética industrial de colores eléctricos. La madera de la mesa podría ser plástico y, en lugar de las herramientas, podría haber un título universitario en la pared que no garantice nada en tiempos de incertidumbre total. Asimismo, la imagen de la familia tradicional podría ser reemplazada por una madre sola, un padre solo, una pareja de madres o una pareja de padres. Lo que mantiene vigente el mensaje de De la Cárcova –muestra de lo intrascendente que resulta hoy cuál haya sido el origen y los privilegios del pintor, ya convertido en cenizas– es lo que permanece inmanente ante las coyunturas socioculturales de más de un siglo de historia pasados bajo el puente: la ausencia de respuesta –o la respuesta represiva, en algunos casos– del Estado ante las necesidades y carencias del pueblo. Y, también, la triste verdad atemporal de que no hay peor indignación ni peor vergüenza que la de ser pobre.

Referencias

Darío, R. (1896, 25 de junio). El Tiempo.

La Vanguardia. (1894, 10 de noviembre).

Malosetti Costa, L. (s.f.). Sin pan y sin trabajo. En Museo Nacional de Bellas Artes [página web]. Disponible en https://www.bellasartes.gob.ar/coleccion/obra/1777/

Payró, R. J. (1894, 3 de noviembre). La Nación, p. 5.

César Navarro Horñiacek (Cezary Novek)
Profesor Universitario en Comunicación Social (UNC).
Docente, periodista cultural y participante de diferentes actividades de promoción de la lectura.
Escribe en el diario Hoy Día Córdoba, donde también edita el suplemento Cuentos de Verano. Colaboró con Deodoro (UNC), Matices, La Voz, La Central, Marcha Noticias y Solo tempestad, entre otros medios.
Publicó varios libros de ficción. Algunos de ellos son: La configuración del silencio (2018), Letra Muerta (2012) y el libro de cuentos para niños Los colores que no vemos (Colección Leer es Futuro, Ministerio de Cultura de Nación, 2015).