Schole
Miradas
1918. Fin de la Primera Guerra Mundial
Revista SCHOLÉ 20 diciembre, 2018

Uno a uno, y bajo la influencia de estas palabras, los jóvenes deciden enlistarse. Pero estando en el frente se siente el dolor de la trinchera. Ahí no hay gloria. Así lo manifiesta Paul Baümer:

Existen miles de Kantoreks y todos están convencidos de que lo que hacen, tan cómodo para ellos, es lo mejor que pueden hacer. Precisamente en esto consiste su fracaso. Habrían debido ser para nosotros, jóvenes de dieciocho años, los mediadores, los guías, que nos condujeran al mundo de la madurez, al mundo del trabajo, del deber, de la cultura y del progreso, hacia el porvenir. A veces nos burlábamos de ellos y les jugábamos alguna trastada, pero en el fondo teníamos fe en ellos. La noción de la autoridad, que representaban, les otorgaba a nuestros ojos mucha más perspicacia y sentido común. Pero el primero de nosotros que murió echó por los suelos esta convicción. Tuvimos que darnos cuenta de que nuestra edad era mucho más leal que la suya; no tenían por encima de nosotros más ventajas que la frase huera y la habilidad. El primer bombardeo nos reveló nuestro error, y al darnos cuenta de ello, se derrumbó, con él, el concepto del mundo que nos habían enseñado.2


2. Remarque, E. M. (2009). Sin novedad en el frente. Barcelona: Edhasa, p. 17. (Primera edición: 1929).


Un día de octubre de 1918, poco antes de que la guerra finalizara, el joven Paul Baümer cayó muerto en la trinchera. “Era una día tan tranquilo, tan inactivo en el frente, que el comando oficial se limitó a decir que no había novedades en el frente”. 3


3. Ibídem, p. 255.


En 1929, Erich María Remarque publicó su novela Sin novedad en el frente. Un año más tarde, Lewis Milestone dirigía genialmente la película homónima. Los textos precedentes son producto de la intersección de ambas narraciones, la literaria y la cinematográfica. Ambas, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, obligan a una reflexión sobre el significado y la responsabilidad de ser maestro.