1994. Genocidio en Ruanda
Revista SCHOLÉ 23 agosto, 2019

Lindqvist publicó su obra en 1992. Una edición más tardía lo hubiese obligado a considerar como legado de aquel pensamiento colonial no solo al Holocausto, sino también al genocidio ocurrido en Ruanda. Cuando los hutus arremetieron con el filo del acero contra los tutsis, espoleados y coordinados por mensajes radiales de la emisora “Mil Colinas”, tomaban para sí mismos aquel testimonio colonial del cual habían sido víctimas y eran ahora sus ejecutores. El odio se acumulaba desde la época de la dominación belga; en ese entonces, los tutsis eran mejor vistos por el gobierno extranjero que, para diferenciarlos, había creado un documento que decía a qué etnia pertenecían. Esos papeles son los que, probablemente, expliquen la efectividad asombrosa de la matanza. De otra forma, hubiese sido muy difícil, si no imposible, discriminar a unos de los otros.

1994. Genocidio de Ruanda

Las advertencias del Brigadier General Roméo Dallaire (Canadá), comandante de la UNAMIR (Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda), no fueron escuchadas. Cuando el gobierno belga intervino, lo hizo solo para salvar a sus propios ciudadanos, abandonando a su suerte a los tutsis ruandeses. Este hecho se relata en Hotel Ruanda3, película que, sin embargo, glorifica al Frente Patriótico Ruandés (tutsi) negando sus posteriores matanzas que serán consideradas como un segundo genocidio por la ONU. Francia intervino demasiado tarde y de forma dudosa. En el juego geopolítico, ofreció su apoyo al activismo hutu. Estados Unidos creó la figura de “actos de genocidio” –en vez de genocidio– para calificar lo que ocurría y así evitar que la ONU interviniese de forma activa. Al igual que Bélgica, solo actuó para evacuar a sus ciudadanos mientras ofrecía su apoyo al Frente Patriótico Ruandés.


3. Hotel Ruanda [Hotel Rwanda], de Terry George (2004).


Los testimonios de las víctimas y de los victimarios desnudan las consecuencias de la inacción de las viejas potencias coloniales:

Sabíamos que nuestros vecinos Tutsis no eran culpables de nada, pero todos eran culpables de nuestros problemas. Aunque los conociéramos individualmente, se habían convertido en una amenaza mayor por ser quienes eran. Por eso había que matarlos.
Perpetrador

Durante el día corríamos y por la noche nos escondíamos en cualquier casa. Pero los asesinos tenían machetes y pistolas. Vi como mataron a muchos, les cortaban el cuello o los acribillaban a balazos. A uno lo colgaron en la escuela para que todo el que pasaba lo viera.
Teddy

Había matado a tanta gente que ya no le daba importancia. Pero desde el primero hasta el último que maté, no me arrepentí ni una sola vez.
Perpetrador

La crueldad de las matanzas era tan indescriptible que los Hutus tenían la costumbre de asesinar a los niños Tutsi delante de sus padres cortándoles los brazos, uno detrás de otro, después los degollaban con el machete, dejándolos desangrarse lentamente para cortarles sus genitales mientras aún vivían y arrojárselos a sus aterrorizados padres, quienes eran asesinados después sin más ceremonia.

Roméo Dallaire, General de ONU4


4. Jurkiewicz Ender, A. y Wang, D. (comp.) (2016). En Ruanda. Cuadernos de la Shoá, (6), pp. 113-116.


Para penetrar con profundidad en el alma de estas confesiones, hemos de regresar a la historia colonial de África. En la introducción al libro El fantasma del rey Leopoldo, Mario Vargas Llosa sostiene:

Es una gran injusticia histórica que Leopoldo II, el rey de los belgas que murió en 1909, no figure, con Hitler y Stalin, como uno de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX. Porque lo que hizo en África, durante los veintiún años que duró el llamado Estado Independiente del Congo (1885 a 1906) fraguado por él, equivale, en salvajismo genocida e inhumanidad, a los horrores del Holocausto y del Gulag. A quienes creen que exagero, y al resto del mundo, ruego que lean a Neal Ascherson (The King Incorporated: Leopold the Second in the Age of Trusts) […]. Así tendrán una noción más concreta y gráfica de los estragos del colonialismo y serán más comprensivos cuando se escandalicen con la anarquía crónica y las galimatías políticas en que se debaten buen número de repúblicas africanas5.


5. Hochschild, A. (2017). El fantasma del rey Leopoldo. Una historia de codicia, terror y heroísmo en el África colonial. Barcelona: Malpaso, p. 9. (Primera edición: 1998).