Schole
MiradasEdición 4
Max Born
Revista SCHOLÉ 14 abril, 2020

A 75 años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial

Reflexiones de un físico

Notas autobiográficas

Nací en el año 1882 en Breslau, la capital de la provincia prusiana de Silesia. Mi padre era profesor de Anatomía de la Universidad, pero su interés principal se centraba en la investigación en Embriología y Mecánica del desarrollo. Mi madre procedía de una familia de industriales; murió siendo yo un niño. Debió ser muy bella, elegante y con grandes dotes para la música.1


1. Born, M. y Born, H. (1971). Ciencia y conciencia en la era atómica. Barcelona: Alianza, pp. 28-29.


Max Born

Así comienza Max Born un retrato autobiográfico con el que, poco a poco, se va sumergiendo en la atmósfera social y científica de su época de estudiante en la que predominaba una halagüeña visión del futuro. Sin embargo, tras una minuciosa reseña sobre el devenir de aquel mundo esperanzador, concluirá su escrito con una de las más distintivas y difíciles reflexiones sobre los significados de la actividad científica que haya producido jamás científico alguno. Su análisis fue posible porque, tal como él mismo lo relata, no fue ni un estudiante ni un investigador atrapado en las redes de la especialización:

Antes de su muerte, mi padre me aconsejó que no me dedicase inmediatamente a una sola materia, sino que asistiera a la universidad a clases sobre diferentes temas y, transcurrido un año, tomase una decisión. Como poseía una pequeña fortuna de la herencia de mi madre, pude seguir aquel consejo y buscar un camino de acuerdo con mi propio criterio y mis aficiones. Así asistí a clases no solo de Matemáticas y Ciencias Naturales, sino también de Filosofía, Historia del Arte y otras materias. (…)
Nunca quise convertirme en un especialista, es más, siempre fui un diletante, incluso en aquellos campos que se me pueden atribuir como propios. Muy difícilmente podría adaptarme a los modos de la ciencia actual, cultivada por equipos de especialistas. Siempre me interesó más el trasfondo filosófico de la ciencia que sus resultados concretos.2


2. Ibídem, pp. 30-31.



Su experiencia universitaria más importante fue en Gotinga, donde estableció vínculo con algunos de los más relevantes matemáticos de su época como David Hilbert y Hermann Minkowski. En su escrito, no duda en elogiar a profesores y colegas, pero, de la misma forma, no tiene reserva alguna para juzgar negativamente a otros. Una de sus evaluaciones más críticas es de singular relevancia porque muestra la fuerte influencia y lo determinante que puede ser un maestro o un profesor en la vida personal e intelectual de sus alumnos. De Johannes Stark dice:

Otra persona que influyó en mi vida científica, aunque en sentido negativo, fue Johannes Stark, quien más tarde obtuvo el premio Nobel por su descubrimiento del efecto Doppler en rayos canales y del desdoblamiento de rayas espectrales debido a un campo eléctrico. En aquel entonces era profesor auxiliar de física y daba un curso sobre Radiactividad. Intenté participar en él, pero la exposición no satisfacía mi sentido matemático y lo abandoné. Como consecuencia de ello, jamás aprendí la física nuclear como es debido, no pudiendo participar de su desarrollo.3


3. Ibídem, p. 36.


La referencia a Johannes Stark adquiere un significado particular porque este científico, junto con otro premio Nobel alemán, Philipp Lenard, defendió el concepto de ciencia “aria” (Deutsche Physik). En sus obras “El nacionalsocialismo y la ciencia” (1934) y “La física judía y la física alemana” (1941), promovió una visión racista contraponiendo la “ciencia alemana” a la “ciencia judía”, cuyo principal representante sería Albert Einstein. Después de la guerra, Johannes Stark fue condenado a cuatro años de prisión, pena que no cumplió.

“La física judía y la física alemana”

Lo que queda flotando como interrogante en su caso es si se puede establecer algún vínculo entre su compromiso ideológico, su ruinosa perspectiva epistemológica de una ciencia judía y su fracaso didáctico para llegar a un alumno como Max Born vinculado al judaísmo. Al menos, toda esta cuestión nos puede servir como advertencia contra cierta concepción de la didáctica que la supone autónoma tanto en sus formulaciones conceptuales como en el desarrollo de sus aspectos instrumentales, de las circunstancias históricas, sociales y políticas en las cuales se gestan, formulan y aplican. Según Philip Ball, el caso de la Deutsche Physik…

…demuestra cómo las pretensiones de los científicos de ser ‘apolíticos’ no impidieron que la política infectara sus ideas científicas hasta casi saturarlas. Y lo que acaso sea más importante: esta historia desmantela el confortable mito de la ciencia como aislante contra la irracionalidad profunda y el extremismo.4


4. Ball, P. (2014). Al servicio del Reich. La física en tiempos de Hitler. México: Turner, p. 110.


Mito que, por otro lado, es sustento de gran parte de la educación y de casi toda la divulgación más leída.

Tras el ascenso del nazismo al poder, Max Born emigra a Inglaterra. Allí escribirá uno de los más famosos libros de divulgación científica: El inquieto universo (1935). Su hogar académico definitivo en Gran Bretaña será la Universidad de Edimburgo. En la década del cincuenta retorna a Alemania. Poco después, le es concedido el premio Nobel.