1984
Revista SCHOLÉ 11 diciembre, 2019

Hace 70 años…

George Orwell publicaba su novela 1984

La luminosidad del día contrasta con la lúgubre arquitectura del edificio en el cual Winston Smith va a sumergir su existencia…

…con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él. El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de várices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.1

 


1. Orwell, G. (2001). 1984 (edición bilingüe). Australia: Project Gutenberg of Australia, p. 22. (Primera edición: 1949).



Es el comienzo de 1984, la novela de George Orwell donde describe un tiempo distópico marcado por el terror de la vigilancia y por la omnipresencia de la propaganda y de la información dirigida desde el poder. Inspirado en la experiencia estalinista, el mundo de Orwell parece muy distinto al nuestro. Sin embargo, la abundancia de lentes que nos vigilan y la infinidad de pantallas que vemos una y otra vez, donde confundimos la propaganda con los datos que nos revelan las formas de los hechos, disuelven la distancia entre la realidad y la ficción. Las superficies brillantes y pulidas sobre las cuales escribimos mensajes, enviamos imágenes, redactamos correos electrónicos y exponemos aquello que debería ser solo parte del mundo personal e íntimo parecen sugerirnos que todo nuestro universo digital poco tiene que ver con la ruinosa sociedad totalitaria sobre la que habla Orwell. De todos modos, por anacrónico que pueda parecer, deberíamos preguntarnos si el GRAN HERMANO VIGILA.