1984
Revista SCHOLÉ 11 diciembre, 2019

Pero, en el tiempo actual, el poder que examina y cataloga tampoco parece descansar. Un hombre distinto a Winston, más joven, incluso más real, se acomoda en el edificio donde despliega su trabajo de vigilancia. A diferencia del hombre orwelliano, no parece estar agobiado ni por el terror ni por una arquitectura opresiva. Por el contrario, vive en un mundo luminoso. Igualmente, tras los primeros pasos en el edificio de la verdad, él también habrá de monitorear lo que el poderoso Estado le pida:

Después de estar unas semanas familiarizándome con los sistemas en el turno de día, pasé a las noches, en horario de 18:00 a 6:00, cuando el soporte técnico quedaba cubierto por un personal mínimo que dormitaba con discreción y el resto de la agencia estaba prácticamente muerta.
(…) Las escaleras mecánicas se paraban y había que usarlas como escaleras normales. Solo funcionaban la mitad de los ascensores, y los ruidos metálicos que hacían, apenas audibles en el bullicio de la mañana, resonaban a esas horas de un modo alarmante.

(…) Todas las noches, durante doce horas, me sentaba en nuestra oficina de seguridad, pasada la zona de soporte técnico, entre los veinte puestos (con dos o tres terminales de ordenador cada uno) reservados a los administradores de sistemas que mantenían online la red global (…). El trabajo en sí era relativamente banal y puede describirse a grandes rasgos como “la espera de la catástrofe”. Los problemas, en general, no eran complicados de resolver. Cuando algo iba mal, tenía que iniciar sesión e intentar arreglarlo de forma remota. Si no lo lograba, debía bajar físicamente al centro de datos oculto una planta por debajo de la mía en el NHB (o recorrer a pie los inquietantes 800 metros del túnel de unión hasta el centro de datos del OHB) y ponerme a toquetear la maquinaría en sí.3


3. Snowden, E. (2019). Vigilancia permanente. Buenos Aires: Planeta, pp. 179-180.


De regreso a 1984. Winston Smith se rebela. Ya no puede ser el leal funcionario que trabaja en el Ministerio de la Verdad para ocultar lo cierto. Sus sentimientos y sus pensamientos no pueden soportar la opresión del Gran Hermano. Su revuelta personal concluirá en la habitación 101, cuando es interrogado por O’Brien, policía del régimen; terminará por aceptar la sumisión.