Sarmiento y su reconocimiento al gran naturalista del Beagle
Eduardo Wolovelsky 17 mayo, 2019

Los relatos pueden hacer posible que mi lazo con la comunidad tenga sentido.
Un universo humano sin narraciones acaba siendo un mundo sin sentido,
sin otro sentido que el del mero presente, el del puro instante,
al margen del trayecto temporal y, por lo tanto, independientemente de los ausentes (antepasados y sucesores).
Un universo humano sin relatos, sería un mundo sin memoria y sin esperanza;
sería un universo en el que los hechos tendrían la última palabra.
La lectura de los relatos puede ser portadora de vínculos, de lazos de cordialidad,
porque siempre que leemos realizamos un viaje en el tiempo,
entramos en contacto con otro y con otros, ausentes y/o presentes.

Joan-Carles Mèlich

Tributo

Moriría unos años más tarde. Pero aún no era el momento de que ocurriera; por el contrario, era el instante de la vida en el cual podía dejar testimonio de la admiración por aquel naturalista que días antes había sido enterrado en la Abadía de Westminster, en la lejana Inglaterra. Transcurría el 19 de mayo de 1882 y, tan solo un mes atrás, Charles Robert Darwin moría en su casa de Down, a los 73 años. Para Domingo Faustino Sarmiento, era la ocasión que le permitía entregar a la sociedad argentina el reconocimiento que sentía por aquel inglés que anduvo por estas tierras en una conferencia que, con su particular elocuencia, pronunciara en el Teatro Nacional 1:

Señoras y Señores:

He sido invitado por el Círculo Médico, para dar en su nombre testimonio solemne de respeto y admiración á uno de los mas grandes pensadores contemporáneos, al observador mas profundo, al innovador mas reflexivo y tranquilo, al mas humilde y honrado expositor, y para decirlo todo, á DARWIN, muerto á la edad de setenta y tres años de la vida más laboriosa, dotando á la ciencia en los últimos, de libros cada vez mas profundos, como si temiera llevarse consigo el secreto de sus últimos estudios, no obstante dejar el siglo lleno de su nombre.


1. Conservamos la ortografía y gramática original.


Con este recuerdo, con saber que los comienzos de su ilustre carrera fueron estas Pampas Argentinas y aquel Estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego por él explorados, puedo estar seguro de la indulgencia de los que me hacen el honor de escucharme; y en las simpatías de las señoras, si agrego que Darwin ha terminado su larga y laboriosa carrera rodeado de su familia, criada como él en la simplicidad de la vida de campo inglesa, tan confortable como inteligente.

A nadie debe tomar de nuevo esta noble manifestación en honor de uno de los más grandes ingenios de nuestros tiempos, porque con harta frecuencia y para honor nuestro, grandes nombres que figuran en los anales de los progresos de las ciencias, se ligan á nuestra historia y á nuestros progresos también.

Sus nacimientos ocurrieron con un par de años de diferencia, uno no era ni más joven ni más viejo que el otro. Vivieron en el mismo momento y, por los azares –o no– de la historia, habitaron por breve tiempo en la misma geografía de los territorios australes de América del Sur. Esta caprichosa coincidencia quedó sellada en el recuerdo del propio Sarmiento, cuando relata su encuentro con los hombres del HMS Beagle:

Pudiera decir, señores, que me era familiar el nombre de Darwin desde hace cuarenta años, cuando embarcado en la Beagle que mandaba Fitz-Roy, visitó el extremo Sur del Continente, pues conocí el buque y su tripulación y desde luego el Viage de un Naturalista que hube de citar no pocas veces hablando del Estrecho.

 

Biólogo (UBA).
Docente de nivel Secundario y Superior.
Coordinó diferentes programas sobre la enseñanza y el conocimiento público sobre la ciencia.
Editor y autor de diferentes trabajos en el campo de la divulgación de las ciencias, la pedagogía y el cine.
Director de la revista "Scholé. Tiempo libre. Tiempo de estudio".