1918. Fin de la Primera Guerra Mundial
Revista SCHOLÉ 20 diciembre, 2018

Fue hace 100 años…

“Será corta y con pocas pérdidas”. Bajo esta consigna, las tropas desfilan por las calles de Berlín. Por la ventana de la escuela se cuela el clima festivo de la guerra. El profesor Kantorek cierra las celosías para poder arengar a sus jóvenes alumnos sobre los gloriosos tiempos que habrán de vivir bajo la fuerza de las armas.

Ahora, esto es lo que debemos hacer. Atacar con todo nuestro poder hasta el último esfuerzo para lograr la retirada antes de que acabe el año. Es con renuencia que toco el tema nuevamente. Ustedes son la vida de la patria, muchachos. Son los hombres de hierro en Alemania, son los felices héroes que acabarán al enemigo. Cuando los convoquen, no soy yo quien debe sugerir que alguno de ustedes debe levantarse y ofrecerse a defender a su país pero me pregunto si esa idea está en sus mentes. Sé que en una de las escuelas los muchachos se pusieron de pie y se alistaron. Pero si eso sucede aquí, no me culparán por sentirme orgulloso. Tal vez algunos digan que no se les debería permitir ir, que son muy jóvenes, que tienen hogares, madres, padres, que no deberían ser separados. ¿Son sus padres tan olvidadizos de su patria que la dejarán morir en vez de ustedes? ¿Son sus madres tan débiles que no pueden enviar a un hijo a defender la tierra que les dio vida? Después de todo, ¿es malo un poco de experiencia para un muchacho? En el honor de ponerse un uniforme ¿hay algo de lo que debemos huir? Y si las jóvenes se enorgullecen de aquellos que los usan, ¿es algo por lo que deben avergonzarse? Sé que muchos han deseado el título de héroes. Esa no ha sido parte de mi enseñanza: hemos orado por ser útiles y que llegase un buen motivo. Pero ser el primero en la batalla es una virtud, no debe despreciarse. Creo que será una guerra rápida y que habrá muy pocas pérdidas. Pero si hubiesen pérdidas, entonces recordemos una frase que seguramente dijeron muchos romanos cuando luchaban en tierras lejanas: “dulce y apropiado es morir por mi patria”. Ustedes deben tener ambiciones. Sé de uno que tiene un gran futuro como escritor. Escribió el primer acto de un drama que sería el orgullo de un experto y supongo que él sueña con seguir los pasos de Goethe y Schiller, espero que lo haga. Pero ahora ¡nuestro país nos llama! La patria necesita ideales. Las ambiciones personales deben hacerse a un lado en nombre del gran sacrificio por nuestro país. He aquí un glorioso comienzo para sus vidas. El campo del honor los espera, ¿por qué estamos aquí?1


1. Sin novedad en el frente [All Quiet on the Western Front], de Lewis Milestone (1930).


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