1969. La Misión Argentina
Revista SCHOLÉ 11 diciembre, 2019

La Misión Argentina

El nombre que asumió todo el equipo responsable de los Torinos en Nürburgring –”La Misión Argentina”– refleja la perspectiva de corte nacional que suele acompañar a este tipo de competencia deportiva, sin la cual sería imposible capturar el interés público. Pero, más allá de esta lectura, es significativo tomar conciencia de los enormes obstáculos que se debían resolver solo para llegar a tener los autos en la pista. La prueba en sí misma era de una dificultad cuasi inconmensurable. Se llevaron a Europa tres Torinos para competir y uno muleto, los cuatro preparados por Oreste Berta en Córdoba. Recordemos que la producción se realizaba en la fábrica de IKA-Renault con sede en Santa Isabel y que era heredera de un proyecto de producción automotriz logrado por un acuerdo entre el Estado argentino y las Industrias Kaiser a mediados de la década de 1950. Por aquel convenio, los autos no solo serían ensamblados aquí, además tendrían piezas de producción nacional, promoviendo el desarrollo industrial de la fabricación de autopartes.


Antes del inicio de la carrera, dos de los Torinos quedaron inutilizados. Aunque uno de ellos pudo ser reconstruido, no quedó en su mejor performance. La anécdota sobre uno de esos accidentes refleja la capacidad de liderazgo de Juan Manuel Fangio y pone en cuestión el problema de la verdad. Así lo cuenta Oreste Berta:

Cuando salimos para Alemania, íbamos a correr en una clase; cuando llegamos allá, decidimos correr en la clase mayor. Modificamos los guardabarros, modificamos las cubiertas, el tipo de ruedas. Casualmente, con ellas yo tuve un problema, tuve un serio accidente debido al apuro para hacer estas ruedas, pero el proveedor en la Argentina hizo modificaciones, cargaron las ruedas en un avión y tuvimos lo necesario para poder correr. Salí a probar el auto, realmente estaba muy preocupado: los pilotos decían que ese auto no funcionaba bien. Salí, lo probé. Realmente estaba muy difícil de manejar. Paré en los boxes, me hice ajustar el cinturón –tenía un cinturón de tipo paracaidista–. Me hice cambiar el casco porque me quedaba flojo. Di Palma me trajo otro casco y salí de nuevo de los boxes y en la segunda curva seguí de largo, caí en un precipicio, el auto se destruyó completo; yo salí indemne. Volví caminando a los boxes y le fui a decir a Fangio que había destruido el auto, que no sabía qué había pasado, pero que el auto estaba totalmente destruido. Entonces, él me dijo “vamos a ver lo que pasó”. Subimos en el auto particular de él, fuimos hasta el lugar. Me decía que no podía ser que hubiera pasado algo, viéndome preocupado como yo estaba, viendo todo lo que yo había hecho, que nadie tenía accidentes cuando se tomaba las cosas tan en serio. Los accidentes solo ocurrían cuando alguien estaba muy cansado o estaba muy despreocupado, pero no en el caso mío. Yo le dije que no, el problema fue mío, no del auto. Llegamos al lugar, yo bajé a ver lo que había quedado y cuando subo me dice “vení a ver esto”. Me mostró las marcas del aluminio de la rueda. Unos quince o veinte metros antes de la curva la rueda se había roto. Lo miramos; evidentemente, esa era la explicación de lo que había pasado, y me dijo: “Pero esto es entre vos y yo, los pilotos no tienen que enterarse de lo que pasó, seguí cargando con la culpa, más adelante se sabrá”.2


2. La Misión Argentina, de Adrián Jaime (2014).