Incluir la mirada de género en la escuela
Carolina Guevara 23 agosto, 2019

Irrumpir en el dispositivo escolar: algunos desafíos desde el programa ELVG

Para Graciela Morgade (2016), en el sistema educativo el género alude a “lo relacional”, ya que cuestiona las “relaciones de poder” que se dan en la construcción de los sexos. Desde esta perspectiva, el Programa Escuela Libres de Violencias se propone aportar herramientas de análisis y abordaje para detectar y superar la mirada que históricamente ha tenido la escuela cuando configura de manera binaria la condición escolar de “chicas y chicos”. Miradas que fueron sistematizadas en el currículum explícito, en el oculto y en el nulo (los silencios sistemáticos que también educan en sexualidad). Estos tres elementos llevan a determinar que las escuelas no son neutrales, sino que reproducen los modelos hegemónicos de la sociedad patriarcal de la que hablamos anteriormente; además, tienden a invisibilizarse otros modos diversos de vivir el cuerpo, los deseos y las identidades, legitimando siempre lo heteronormativo (la idea de que lo normal es ser heterosexual), lo binario (las identidades de género legítimas son varones y mujeres) y los patrones corporales y estéticos de género hegemónicos (“¡Siéntese bien, como una señorita!”). Así, cualquier otra expresión queda invisibilizada o reducida a los márgenes.

Incluir la mirada de género en la escuela

Con la mirada de género instalada en las aulas a partir de estas capacitaciones, lo que se busca es que docentes y autoridades a cargo de instituciones educativas revaloricen la importancia que asume la formación en género en la construcción de los procesos de subjetivación. El actual dispositivo de género patriarcal que opera en las instituciones escolares trabaja multidimensionalmente mediante la construcción de imágenes culturales con una matriz binaria que reproduce el modelo de superioridad masculina por sobre lo femenino y se erige en patrón de referencia mediante tres mecanismos, principalmente. Uno de ellos es la “naturalización”, que asigna roles determinados para las mujeres y los hombres según las funciones sexuales y reproductivas, impidiendo crear cualquier otro tipo de imaginario que altere esta distribución de poder y de roles. Otro es la “esencialización”, que determina la forma de construir juicios morales sobre el comportamiento de los demás en base a las características (elaboradas y construidas socialmente) que se le atribuyen a lo femenino (débil, emocional, perteneciente al ámbito de los cuidados y de lo doméstico) y masculino (fuerte, racional, proveedor) y que funcionan como indicadores universales de la “esencia femenina y masculina”. El tercero comprende al dispositivo pedagógico actual y es el de la “objetivación”, que se refiere, básicamente, al trato de las mujeres como objeto sexual de los hombres y a estos como sujetos en plena disponibilidad sexual permanente e incontinente: mientras a la sexualidad masculina, aun en las instituciones escolares, se la explica desde un punto de vista biológico, a la femenina se lo hace mediante actos de vigilancia moralista. Como ejemplo, se puede enunciar un comentario expresado de forma recurrente en múltiples espacios escolares: “las chicas no pueden venir con calza al colegio porque después los varones se alteran”. Esta expresión refleja cómo las sanciones siempre son dirigidas al cuerpo de las mujeres en las escuelas y no tanto, o mucho menos, a la deconstrucción de los comportamientos masculinos.

Lic. en Comunicación Social (FCC-UNC).
Doctoranda en Políticas Públicas (IIFAP-UNC).
Capacitadora del Programa Provincial de Prevención de las violencias de
género “Escuelas Libres de Violencias de Género”, del Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba.
Actualmente coordina la Organización “Hablamos de Amor Córdoba” que
trabaja en la prevención de violencias en noviazgos y relaciones
sexoafectivas adolescentes.
Se ha desempeñado como integrante del equipo Consultor de UNICEF Argentina.