Charlas TED
Revista SCHOLÉ 23 agosto, 2019

El segundo trabajo corresponde al filósofo Georges Gusdorf. Se trata de un escrito realizado en la década de 1960, cuya vigencia al día de hoy es indiscutible. Tras el título ¿Para qué profesores? Por una pedagogía de la pedagogía se despliega la siguiente reflexión sobre la función docente y el ilusorio riesgo de suponer que se lo puede reemplazar por algún artilugio tecnológico más eficaz:


Se puede, por supuesto, reemplazar al maestro por un libro, por una radio, por un electrófono, y no faltan intentos en ese sentido. En el límite, todos los niños de un país podrían recibir, cada uno en su casa, la enseñanza de un solo y único profesor, repetida indefinidamente de siglo en siglo y de generación en generación. Un solo hombre ha podido grabar en muy poco tiempo el monólogo perpetuo del reloj parlante. Puede medirse la ventaja del sistema desde el punto de vista financiero: más escuelas, más clases, más funcionarios por miles; el presupuesto de la Educación Nacional se reduciría al sueldo de un pequeño grupo de instructores cuya voz única sería distribuida cada día hasta las fronteras del país.

Charlas TED. Una reflexión donde dialogan La locura del solucionismo tecnológico de Evgeny Morozov, Divertirse hasta morir de Neil Postman y ¿Para qué profesores? de Georges Gusdorf.

Es preciso creer que semejante régimen se enfrenta a oposiciones de principio verdaderamente fuertes, puesto que ningún gobierno ha tratado jamás de instaurarlo, a pesar de los enormes ahorros que permitiría realizar. Un sentido común basta aquí para derrotar a los milagros de la planificación tecnocrática. Por supuesto, el buen alumno es el que repite sin faltas todas las lecciones; y los examinadores no piden otra cosa a los candidatos de toda clase que la recitación correcta de las diversas materias inscritas en el programa. Todo ocurre, sin embargo, como si, a pesar de las apariencias, la verdadera realidad de la enseñanza estuviera en otra parte. Cualquiera percibe que si se ajusta un método de enseñanza-aprendizaje que permita a cada niño aprender sin esfuerzo, por ejemplo durante el curso de su sueño, cualquier manual escolar, ese sistema no sería la perfección de la educación, sino más bien su fracaso y su supresión. (2019, pp. 85-86)

Más allá de su aparente perspectiva anacrónica, los textos de Postman y Gusdorf portan una mirada anticipatoria sobre muchas de las cuestiones más urgentes y actuales referidas a la educación y su relación con los medios digitales. Por ello, ofrecen un excepcional marco de referencia para analizar las charlas TED y comprender la profundidad de la sentencia que da al respecto Evgeny Morozov.

Lejos del imaginario que declaman, “las TED” se sustentan en una concepción aristocrática del conocimiento y del desarrollo social, en las que se mezclan de manera caprichosa todo tipo de cuestiones: desde el origen del universo hasta la tortura en los países subdesarrollados, pasando por los consejos de autoayuda, las esperanzadoras canciones y las maravillas tecnológicas que nos esperan en el mejor de los mundos posibles. Promovidas bajo el lema ideas worth spreading (“ideas que vale la pena difundir”), son más que un conjunto de congresos y conferencias: son una forma de imaginar el cambio social bajo la forma de su clausura. Son, además, un sueño sobre la educación que, trastocado en pesadilla, convierte a los docentes en reproductores de sus guías didácticas destruyendo la posibilidad de que los niños y jóvenes puedan encontrar buenos maestros sostenidos en la autonomía del estudio, las reflexiones y preocupaciones sobre la compleja realidad cultural de nuestra época. Nos proponen, en consecuencia, que transitemos de manera irreflexiva por un omnipresente optimismo tecnocientífico. En su nombre se resume el sentido circense que las anima −tecnología, entretenimiento y diseño−, donde toda la legitimidad se sostiene en los actos individuales de los conferencistas y en su espíritu “emprendedor”. De un plumazo, borra diferencias ideológicas, de clase, de dominio entre naciones. Se trata de una versión elitista de la sociedad donde las soluciones serán provistas de forma individual por algunas mentes “lúcidas” que expondrán, en un cálido ambiente teatral, las bellezas y los espantos del mundo moderno.